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"Bendita" Ahuyama

  • Milena Velásquez
  • 15 ago 2016
  • 4 Min. de lectura

Un día cualquiera, mi papá, después de un paseo, me trajo de regalo una ahuyama enorme, hice hasta jugo, pero la ahuyama no se acababa… así que tuve la genial idea de prepararles una sopa a mis perros, (para esa época solo eran tres) En la web hay miles y miles de imágenes, infográficos, videos y demás dónde explican claramente cuáles son las comidas prohibidas para perros y en algunas incluso dicen que es bueno darles calabaza, que a mi parecer es prácticamente la misma vaina, en fin, a lo que me refiero, es que nunca en ninguna parte había escuchado hablar de que la ahuyama fuera mala para ellos, de hecho debo admitir que les he dado chocolate (uno que otro pedacito de Chocorramo, muy de vez en cuando) y nunca ha pasado nada… volviendo a la historia, me pareció una opción muy saludable para mis perros cambiar el cuido de siempre por una sopita, así que me puse manos a la obra y prepare una sopa de auyama con arroz y algo de pollo para asegurarme que la comieran toda, la sopa fue todo un éxito.

Habiendo dejado llenos y contentos a mis perritos salí a dar una vuelta con mi esposo, llegamos en la noche y mis perros salieron todos a saludarnos, traíamos algo de pan y Sasha estaba sentada con sus hermosos ojos enormes esperando que le diera un poco, así que decidí darle un pedacito, justo en ese instante vi como su cara parecía derretirse…todos los músculos de su rostro empezaron a colgarse, no podía abrir los ojos, ni siquiera fue capaz de sostenerse y cayó al piso, todos los músculos de su cuerpo tenían espasmos, inmediatamente pensé lo peor y quienes estaban con nosotros repitieron lo que yo estaba pensando: está envenenada. La tomamos en brazos y salimos corriendo para la veterinaria, allí le inyectaron vitamina K, que era el antídoto de un raticida que había en casa y del cual pensamos pudo haber consumido algo, sin embargo la persona que la atendió, insistía que los síntomas que tenía eran confusos, según su experiencia Sasha tenía otra cosa ya que no presentaba salivación, vomito o diarrea y a pesar de los espasmos no estaba desorientada, en su revisión notó que además de los síntomas que era muy obvios, tenía una otitis severa, sus orejitas estaban rojas y casi cerradas de lo hinchadas… Después nos dijo lo peor que puedes escuchar en un momento así: no podemos hacer nada más, hay que esperar que el antídoto haga efecto, volvimos de nuevo a casa, con la moral por el suelo, por que no teníamos la seguridad que fuera a recuperarse… pero la historia no termina aquí, al llegar ningún perro salió a saludar, en cambio estaba toda la familia afuera esperándonos, para decirnos que los demás perritos estaban peor que Sasha, por que no podían siquiera caminar, los revisé y tenían exactamente los mismos síntomas… mi mundo se detuvo… todo empezó a pasar en cámara lenta, me hablaban pero no escuchaba nada, estaba tratando de entender que había pasado…

LA AHUYAMA!! Salí gritando como una loca, llamé a la vete a decir que ya sabía qué los había intoxicado, a lo que me responden: la ahuyama no es tóxica para los perros!, busque en la web, escribí a varios lugares y nada, nada, nada!!!! Estaba por darme por vencida cuando encontré algo, era un artículo que había escrito una médico veterinaria y tenía un celular de Colombia, dudé un poco si llamarla o no por que estaba muy tarde y era domingo, pero era una emergencia, le marqué y le conté todo, creo que parecía una loca, lo primero que me dijo fue que si no me calmaba, no iba a ser capaz de atender a mis perritos. En resumidas cuentas: confirmó mis sospechas: era la ahuyama, pero ella no podía atenderme por que estaba ubicada en Bogotá, me dijo que debían aplicarles una especie de cóctel de varias cosas y tenía que ser de acuerdo al peso de cada perro, no era algo que podía preparar o aplicar yo misma, debía ser en una veterinaria, peeeroooo, son tres perros, vivimos en zona rural y como transporte tenemos una moto, cómo íbamos a llevarlos a todos para que los inyectaran?? Volví a perder la calma…. Ella volvió a tranquilizarme: hagamos algo –me dijo- tienes suero? Si, -respondí-entonces dales todo el suero que sea posible y mañana según como los veas llévalos a una veterinaria.

Adivinen a quienes le tocó tomarse todo el suero que tenia guardado por maluco?

Preparé un montón y esa noche no dormí, vigilando que si estuvieran respirando y haciéndoles tomar su dosis de suero maluco, fue una noche muy larga pero cuando amaneció, el primero en salir a hacer pipí fue Bruno, con dificultad, pero por sus propios medios, los demás lo siguieron y así fueron eliminado todo lo tóxico y mejorando, en la tarde ya estaban todos ladrando y corriendo como el trío de locos que son, y yo, con sueño, cansada y hasta dolorida con todo el estrés que tuve que pasar…

No puedo decir que fue el peor día de mi vida, pero, definitivamente, está en la lista de los más difíciles…

Con todo lo que pasé ese día, ni siquiera recuerdo el nombre de la veterinaria con la que hablé, pero le agradezco de corazón toda la ayuda, información y consejos que me dio, es muy agradable saber que todavía hay personas que ayudan sin esperar nada a cambio.


 
 
 

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